jueves, diciembre 20, 2007

incansable costumbre

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siempre caigo en la misma rutina
revisando papeles viejos,
buscando hacer un orden nuevo,
queriendo darle orden
a recuerdos que ya están donde corresponde
removiendo y levantando polvo,
desentierro palabras, gestos, minutos,
retazos de pasado,deshilachados, inútiles,
que no hacen más que dejarme así
con el corazón en ascuas
recordando lo que ya fue,
añorando lo que no pasó
y rehusándose a mirar lo que vendrá...
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jueves, noviembre 22, 2007

Fines de Noviembre

Morir para vivir,
dejar todo para encontrar más,
perder la vida, para encontrarla,
entregar, entregarse, darse...
Crecer duele,
vivir duele,
amar duele,
darse duele,
frenar también duele,
no hacer nada de todo esto,
es lo que más más duele,
quedarse inerte, frenado, estancado.
Duele no caminar,
duele ya no esperar,
duele ignorarse a uno mismo.
Estar vivos duele.
Estar muerto en vida,
eso no duele pero tampoco es vida.
Estoy cansada del dolor,
del miedo, de la incertidumbre,
cansada de buscar,
cansada de llevar las riendas de todo,
cansada de no delegar, de no entregar, de no darme.
Estoy cansada, y adivinen qué,
el cansancio duele...

(Perdón por un texto tan cargado, pero es lo que siento hoy, a fines de noviembre, viendo lo que me queda, viendo lo que pasó, y quería ponerlo por escrito, porque callar también duele)

martes, noviembre 13, 2007

las otras pequeñas cosas

















hay quien dice que ciertas pequeñas cosas
nos tienen a su merced,
nos sacuden como a hojas muertas
y nos hacen llorar a escondidas,
yo, en cambio, prefieroesas pequeñas grandes cosas,
que nos mecen como a hojas vivas
que el viento sacude,
pero no logra arrancar de la planta,
prefiero esos detalles,
ese repiqueteo de gestos y sorpresas,
de esas que te hacen sentir viva, antes que muerta,
de esas que te hacen reír y sonreír a los cuatro vientos,
antes que llorar cuando nadie te ve...

domingo, octubre 28, 2007

Reminiscencias

Soledad. Viento. Silencio y frío.
Mate amargo y más soledad.
Soledad fecunda. Silencio donde se gesta el futuro.
Más bien silencio donde se gesta el presente,
donde el pasado germina y florece.
¿Que si te extraño?
Claro que te extraño.
Sería lindo tenerte acá conmigo ahora,
disfrutaría más de los mates,
de verte hablar y reír.
Disfrutaría el tenerte acá,
a un paso de mis brazos.
Pero vos ya decidiste.
Estás decidiendo por los dos
y no me dejas
mucha posibilidad de elección.
Será así como vos querés.
Pero mientras tanto,
aprovecho cada minuto para verme sin vos.
Para verme y mirarme.
Detenidamente.
Para entenderme, escucharme y conocerme.
Para ser descubrir y aprender quién soy.
Para ser quien soy.
Para ser.
Silencio fértil y soledad entitativa.
Intimidad ontológica.
Lejos del temblor de tu desabrazo.
Lejos del desenfreno y la salvajía.
Lejos del mate y la pizza.
Lejos de la Voz y aristimuños.
Lejos de escritores rusos y poetas nacionales.
Lejos de Claudia, de Gastón y de José Alfredo.
Lejos de préstamos que nadie pide.
Lejos de velas que se funden.
Lejos de calles de Palermo que nunca se cruzan.
Lejos de esquinas inencontrables,
escondidas en los pliegues del tiempo, del pasado.
Lejos de calles que se han equivocado de ciudad.
Lejos de libros con tierra y escritoras ignotas.
Lejos de amaneceres oficiando de almohada.
Lejos de canciones que hablen por mí.
Lejos de preguntas que ya no saben qué preguntar.
Lejos de tus manos que saben buscar.
Lejos de mis manos que buscan sin encontrar.
Lejos de todo, lejos de vos.
Pero cerca de mí.

(escrito el 8 de noviembre de 2006, en un banco de piedra en un parquecito de puerto madero, ahí al ladito nomás de la costanera y la reserva)

lunes, octubre 15, 2007

Soledad y dolor

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(...)


El dolor se había instalado en todo su sistema y no parecía querer irse, aferrado con uñas y dientes a su cabeza y garganta. Tan hondo calaban esas puntadas que llegaban al centro mismo de su médula. Y allí mismo en su garganta, entre las garras del dolor, anidaban también sus miedos, esos que hoy eran su única compañía.

El dolor, la soledad, sus miedos y la lluvia...

...y siempre una ausencia.

viernes, agosto 24, 2007

domingo gris

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Como si te fuera a encontrar en el fondo de la taza,
perdido entre la borra del café,
allá en el fondo de mis ilusiones,
donde termina este domingo gris,
esta noche eterna de angustia y soledad,
estas horas de silencio y mil engranajes que se echan a andar,
en este frío que hace acá, lejos de tu abrazo,
encerrada en el vacío de la noche
que no hace más que susurrar tu nombre...

lunes, julio 09, 2007

de piedra

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y de a poco
sutilmente
sin darme cuenta siquiera
me voy petrificando
me hago insensible
insensible a mí
hiper sensible a vos
mis pies se endurecen
mis piernas ya no saben correr
mis manos ya no sirven
mi corazón...
bueno, mi corazón es una esponja
se llena de vos
pero no sabe ser yo
y en este estado de impermeabilidad
sólo tu voz me llega
tengo que aprender a desoirte
tengo que aprender a escucharme
tengo que aprender a no herirme
tengo que aprender a desecharte
antes de que sea muy tarde
antes de que quede inmóvil
completamente fijada
en esta posición inerte
antes de que sólo sirva para morir
antes de que olvide cómo amar
sin vos


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jueves, junio 21, 2007

Tratando de salir

Saberse y no,
tenerte y no,
ser y ya no,
segundo a segundo se agolpan los meses en mi memoria
arrebatada sucesión de relatos e imágenes inconexas
vivo ardor, tan presente, tan actual, tan mío
tan adentro me duele el pasado
tan vivo siento aquel ayer
que no encuentro modo de desprenderlo de mí
de sacarme de encima tanta carga de dolor
trato de estirarme, de salir de mí,
como sacando ramas por fuera de mi corazón
por fuera de mi coraza
por fuera de mí
pero ni saliendo de mí misma
ni aun así...

tu dolor puede más.

miércoles, mayo 02, 2007

Fatalidad

Incluso de noche puede oscurecer,
y en la oscuridad de tu silencio
pierde sabor toda mi cocina.

En la soledad de mi té de jazmín
(tan diferente del mate compartido)
pierdo toda sonrisa y abrazo.

De a pequeños sorbos,
uno tras otro,
bebo todos mis miedos.
Uno a uno los bebo, los incorporo,
los asimilo, y los hago más míos que nunca.

Tan hondo se arraiga en mí la soledad,
que ya la creo inevitable,
y en tal sentido eso me alivia;
ya no es un fracaso haberte perdido,
ya no es una derrota más de tantas...

Ahora es algo necesario,
algo inevitable,
que no podría haber sucedido de otro modo.

Y en este fatalismo
me desligo de toda responsabilidad,
ya no hay contingencias ni posibles pasados
que me atormenten y me persigan.

Sólo hay un inevitable presente,

vos allá,
y yo acá.

domingo, marzo 04, 2007

Tarde o temprano...

Se sentó a la mesa, se sirvió un poco de vino y lo miró con cierto desgano. No tenía ganas de tomar vino, pero tampoco quería estar sobria. Había algo en la copa que captaba su atención y le permitía concentrarse en el líquido violáceo y no mirarlo a él. Había mucha gente en la habitación, pero si no miraba el vino, lo miraba a él y no quería.

No quería encontrarse con su mirada, peor aun, no quería encontrarse con su indiferencia. Prefería quedarse con un recuerdo de dudosa veracidad, pero grato, que enfrentar la cruda verdad de que ya no era nadie en su vida. Pero esto tampoco era del todo cierto. Él ni la odiaba, ni la amaba, ni le era indiferente. Todavía le importaba algo, todavía la necesitaba, todavía le servía, y por eso, cuidaba no perderla del todo. Y sabía cómo hacerlo. Sabía que con tocar esa canción y pedirle que cantara, ya se la ganaba por un par de meses. Sabía que con acompañarla con su habitual punteo, alcanzaba. Ella se quedaría pensando en esa canción por varias noches. Y cuando empezara a borrarse ese recuerdo, el de esa canción, algo nuevo inventaría, algún truco encontraría para renovar la fuerza del hechizo por el que la mantenía cautiva.

Pero él no se dio cuenta de algo. Ella no iba a caer siempre en el mismo lazo, de a poco se iba haciendo más fuerte y resistente a sus juegos. Poco a poco iba aprendiendo, todavía le costaba, pero cada vez menos. Además, a ella le dolía terriblemente el orgullo y las entrañas cada vez que lo veía, y ese fuego que le quemaba los ojos ya no era el que meses atrás carcomía su vientre. Era otro fuego, era otro poder, otra fuerza la que día a día la iba dominando. Ya no era el éxtasis de oír su voz y leer sus ensayadas palabras de amor, estas lágrimas no eran de alegría, ni siquiera eran de tristeza, eran lágrmias de rabia, de ira, de impotencia. Y esas lágrimas no se pueden soportar mucho tiempo.

Eso es lo que él no sabía, no sabía de sus lágrimas. No contaba con eso.
Ella tarde o temprano no iba a poder más.
Tarde o temprano algo se iba a romper,
...definitivamente.

jueves, febrero 08, 2007

Será que tengo que ser más como vos...

Leí hace poco una idea que ya había escuchado antes varias veces. Es acerca del tiempo y de lo que hacemos. Sólo tenemos el presente, porque el futuro aún no es, y al pasado es algo estático que ya ocurrió y no podemos modificar. En este texto se hablaba de la absurda ilusión de algunos que pretenden cambiar el pasado. Pero lo dicho, dicho está y nada de lo que hagamos puede borrar siquiera una palabra de lo que no supimos callar. Por mucho que nos esforcemos, el pasado está ahí, acechándonos, estático e inmutable.

Sin embargo disiento.

Porque vos sí que supiste cambiar el pasado. No sé si fue a propósito, si quisiste enmendar un error, o si es simplemente tu forma de ser, eso de borrar con el codo lo que escribís con la mano. Porque vos sí que sabés cómo sacarle el peso a las palabras dichas, a los abrazos dados. Porque con unas pocas palabras, enseguida les podes sacar todo su significado. Y si todo lo pasado tenía algún peso, se lo sacaste con sólo una llamada.
También cambiaste el futuro.
Cambiaste todo.

Será que tengo que aprender a no fiarme de los demás.
Será que tengo que prever que sus actos pueden ser sólo retorcidas formas de entretenimiento, y nada más.
Será que tengo que aprender a no soñar, a no proyectar, a no construir castillos en el aire.
Será que tengo que buscarle el por qué a todo, y no confiar.
Será que tengo que aprender a calcular y especular.
Será que tengo que ser más como vos.